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refritos criminales uno

la capital se había llenado de extranjeros, de migrantes, de prostitutas, de desadaptados- decía max. a jerry le parecía que eran simplemente seres humanos, sencillos, como él, con sueños que alcanzaban en alcancías de chanchito. gente que solo quería encontrar algo que le divirtiera. salió aquella noche arriesgando los tres centavos que le quedaban en la billetera. esperaba pescarse alguna mirada, algo que le dijera que tenía la oportunidad de volver como el divo de gimnasio que era. esperaba que algún voluntario se ofreciera a tocarle los músculos, si era mujer, le daba igual. solo en la capital podía vivir el bajo mundo, la fascinación por el cuero hinchado de los músculos era su pasión discotequera y su amor propio era tan grande que no había dejado entrar a nadie en su corazón por años. era el momento de dejar entrar a alguien, aunque fuera un poquito, alguien que le quitara el hartazgo, alguien a quien destajarle el pescuezo y devorarle las tripas. carlos cónd...

crónica de una relación empolvada

hace años me enamoré de una mujer que era la más bella que había conocido. lamentablemente, ella no estaba tan atraída por mí como yo por ella. me traicionó, se enamoró hasta las patas de un guambrito más chamo que ella. pasé por meses intentando reconquistarla y lo logré. cuando lo logré terminé con ella. cuando pude entenderle me dí cuenta que no había nada en esa relación que yo realmente quisiera. sin embargo, por años pasé intentando reencontrarme. cuando ella me traicionó, pero más que nada, cuando ella me demostró que no estaba enamorada de mí, como yo de ella, mi ser se perdió en mi incapacidad de lidiar con el hecho de que quien era para mí la mujer más hermosa, nunca podría ser mía. mi ser se perdió hasta hoy, cuando andando en bicicleta me dí cuenta que de alguna manera, tras todos estos años de buscarme, cuando ya ha pasado bastante tiempo desde que dejé de intentarlo (encontrarme), mi ser estaba de vuelta conmigo, andando en bicicleta, sintiéndose como cuando la conocí, ...

día del trabajo

una araña está por caer el la cabeza de un negro grandote tucazo que toma un coctél junto a su amigo, que también es negro, grande y tucazo. el bar está ocupado por un grupo de estudiantes del instituto. ninguna de las muchachas es atractiva, ninguno de los muchachos tampoco. hay un tipo, seguramente profe, ese tipo de tipo que está empujando la edad hasta parecer joven pero cuya carne gotea de lo apretado que está su escote. la cerveza sabe demasiado a limón. a esta hora no debería estar aquí, pero estoy, apuntando a cualquiera de estos burgueses. espera, los negros no son burgueses. tampoco el profe envejecido. los únicos burgueses son los guambras del instituto y ninguno es especialmente interesante. todos parecen saliditos de la clase trabajadora. clase media de segunda o tercera generación. nada interesante. me largo. tengo que lavar platos en el restaurante hasta la madrugada. carlos cóndor 05/01/12

un movimiento improbable

mi vecina andaba en su bicicleta, con su metro ochenta, si alguna vez hicieramos el amor, tendría que entretenerme con sus rodillas.  la patineta se había perdido. en la emoción de la victoria (la nueva constitución había sido aprobada), la había olvidado pegada a la pared, mientras hacíamos una entrevista a un grupo de activistas que habían llegado desde venezuela para apoyar al movimiento revolucionario. para este grupo de poetas, para este grupo de amigos, el anarco resultó ser el equivalente del infiltrado de la CIA. un tipo invuído en sus maquinaciones. ese que no tenía quizás la fé en la estética de su escritura. ese que pensó hacer campaña de silencio muerto y teminó matando al grupo. era un momento improbable. los tres pertenecíamos a diferentes tipos de izquierdas. el skater, a la izquierda feminista, el cabezón, a la izquierda machista y yo, según el cabezón, a la izquierda infantil. la próxima vez que la vea le voy a preguntar si tiene novio. creo que...

cuando me pongo panfletario

en aquellos tiempos era más fácil enamorarse de una sureña. andábamos en tren, de quito al cotopaxi, ella era pelirroja, artificialmente y yo parecía diez años más viejo. adrenalina en cantidades módicas. la cena estaba en el horno. yo y la pelirroja nos escondimos bajo mi chaqueta. hacía frío. era más fácil enamorarse de una sureña porque el sur quedaba más lejos. todavía no se habían ejecutado iniciativas como  al zurich  o tranvía cero . solo se visitaba el sur cuando se tenía familia como yo y mis abuelos estaban prontos a mudarse al valle de los chillos. el paseo al cotopaxi en tren fue una novedad para mí, un sueño que esta pelirroja y yo prometimos repetir. nunca supe como se llamaba, solo supe que tenía esos cachetes gorditos que me gustaban tanto. a la salida del parque, nos detuvimos a escudriñar el cotopaxi. nos sentamos a tomar helados con trópico. en esos tiempos era mucho más fácil enamorarse de ser uno mismo, pero yo estaba tan borracho que no encontraba mis f...

el horror

carthur le decía su novia latinoamericana, que no podía pronunciar bien su nombre, ni cuanta plata tenía en el banco, ni porque a este tipo le gustaba verla cagar. este tipo y su iphone. para ser un empleado tan  high up there  con su paga, este oriundo de iowa era bastante convencional en su manera de pensar. era un ejemplo perfecto de la especialización, de la economía basada en especialistas. sí, sabía de pozos petroleros, sabía de la ingeniería detrás de los pozos nuevos. estaba al tanto de que lo que estaba haciendo era ilegal. para estar tan  high up there  hay que preguntarse porque le pedía a su novia lationamericana que no podía pronunciar su nombre, que se dejara filmar, así, cagando. ese lado animal de esta pareja ilegal. no importaba que estuvieran los dólares de por medio. cuando su pequeño bebé de dos años reconoció su voz en el video que este empleado tan  high up there  colgó en la web, su mujer se reía de la ridiculez de todo el asunto. s...

la última europa del este

trabajando en el videoclub en minsk se volvió algo aburrido para gregor cuando conoció al equipo ecuatoriano-español que venía para convivir con los rusos rurales que aún quedaban en la estepa. su amor por las bicicletas, más que su interés por el proyecto de este par de forasteros le hizo prometer unírseles como guía. ellos no hablaban ruso. había paga, poca, pero digna. el camino estaba trazado, su rol era trascendental en la producción de este documental que se iba a centrar en las costumbres milenarias de esa región del planeta. había una conexión entre los hongos alucinógenos, que también estaba ahí, como subplot  del guión, para apelar a un público más juvenil- pensaron.  pero gregor estaba pasando por un mal momento con su pareja. estaba enamorado de pam, una diseñadora de trajes de baño para niños que por fin le había parado bola. cuando la vió por primera vez, de manos de un músico anodino y aniñado, supo que ella tenía algo para él, para una parte olvidada de é...